VÉRTIGO ¿Fármacos, o solución?
Un niño de 11 años con un estado de salud excelente, durante sus vacaciones de verano y mientras jugaba con sus amigos y comienza a tener un desequilibrio importante que le hace caer al suelo una y otra vez. Después de varios minutos y tras comprobar que el niño está estable y con total normalidad estirado, se intenta poner en pie y de nuevo se vuelve a desplomar.
Se le traslada a un prestigioso Hospital, donde durante tres días se le practican una infinidad de pruebas médicas con el fin de identificar el origen del problema, TAC, RMN, electro…, analíticas de sangre y orina… y por supuesto visita del Otorrino que descarta cualquier problema de oído. Todas estas pruebas salen negativas sin encontrar el motivo del desequilibrio, mientras tanto el niño continúa igual.
Diagnóstico médico:
El equipo médico que ha atendido al niño le da el alta con el único diagnóstico de que ¡El niño quiere llamar la atención!
¿Cuál era el problema real?
Origen: Compresión de las arterias vertebrales debido a la rectificación de la lordosis o curvatura cervical como consecuencia de una gran tensión muscular, provocada por una contracción exagerada de toda la musculatura cervical y trapecios sobre los cuerpos vertebrales.
Estas arterias vertebrales atraviesan toda la columna cervical a través de los agujeros trasversos de todas las vértebras cervicales, hasta llegar a la cara inferior del encéfalo, donde se unen para formar la arteria basilar, ambas irrigan el cerebelo, parte del encéfalo y su tronco y el oído interno donde se encuentra el sentido del equilibrio.
Cuando se rectifica la lordosis cervical, los agujeros transversos se desalinean y es entonces cuando se produce la compresión de estas arterias.
El desequilibrio y vértigo son los primeros síntomas que se manifiestan cuando disminuye el riego sanguíneo en cerebelo y oído interno.